La fe de los ciegos
I
 
 



 

 

 
 
 
 

 

He rendido el sueño
al clima seco de tu abandono,
padezco resignado
la extinción del tiempo.
He fingido vida ante las sombras
negando tu ausencia,
Ninfa de la montaña.

Se dilatan mis pupilas buscando tu rostro,
sacerdotisa de la tierra,
me devora la bruma,
esta atmósfera pálida
evoca tu nombre.

Es tu sonrisa la que ha logrado
dejarme la ilusión de vivirte,
hija de Peneo …

Ha conseguido el tiempo la tristeza
que el aire secuestra
en el sollozo;
sus flamas revelan esta elegía,
enmudece el fuego, el humo crea siluetas
y se pierden como un suspiro.
Laurel eterno…
Son visiones que el fuego ha prometido.


Luz original, destellos provocados
por el canto incierto del aire,
congoja obligada por saberte Laurel
hija del río, Diosa de Apolo,
ninfa de la montaña,
Vuelta en esencia
y perdida en la colina que te oculta.

Alfonso R. Arroyo.

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