La ira de las piedras
II
 
 



 

 

 
 
 
 

 

Se ha secado la miel en la arcilla
el suspiro que apaga la vela
derrite al tiempo
grita - ¡Miserable! - entre mis sienes.

Sobre la piel seca
anhela el aire para volverse suave,
agoniza entre las rocas
hambrienta por esa luz que llega muerta.

Así soñé al hombre
que arranca el cabello para comerlo,
prisionero en la transparencia
que permite celebrarte
sin tener hambre,
rendido al consuelo de la luz amarilla.

Al oírme mi madre
detuvo el reloj
para olvidarse de los gritos
se habían ido...
Hoy...
hasta yo parezco un cadáver
y nos han dejado tristes
porque no hay nadie que nos entierre.

Alfonso R. Arroyo.

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