La
fina lluvia besa la tierra
y tu cuerpo permanece aún envuelto entre las sábanas.
La aurora, en este día como tú,
ha decidido mantenerse en cama,
cediéndole a las finas gotas cristalinas
recibir al nuevo día.
Veo
el cielo grisáceo, y me recuerda
aquellos días tormentosos de mi vida,
pero hoy, la brisa cae en mi rostro
y entre las nubes se dibuja el tuyo.
En esos instantes aparecen
tus ojos,
con esa singular alegría
que han hecho del mundo un gran arcoiris.
Ha triunfado la luz del día.