Di
que no fue solo un sueño,
que realmente estabas ahí,
entre mis brazos.
Que tu boca besó mis labios
y tu mano me llevó al cielo.
Di
que fue algo real, maravilloso.
Encontré nuevamente a mi alma,
donde nunca lo hubiera imaginado,
ahí, suspendida en el tiempo y el espacio,
en las pupilas de tus bellos ojos.
Di
que nuestro encuentro no fue por azares del destino,
y que si nos hallamos
es porque no podía vivir el uno sin el otro.
Porque me parece que te conozco
desde toda la vida, desde que hubo un principio.