La roca y el mar
 
 



 

 

 
 
 
 

 

El mar se embravece
y un fuerte torrente
de olas golpea sobre las firmes rocas
que después de tanto tiempo,
les llega el momento de ceder.

No son tan fuertes como parecían,
no ante el constante empuje de las olas.
Tenían que flaquear algún día.

Se pueden visualizar las fisuras.
Una a una van abriendo paso a la brecha.
Es sólo cuestión de tiempo para verla
estallar en mil pedazos.

Y es que así es el mar,
tan grande, inmenso,
algunas veces, parece que te arrulla
con su oleaje armonioso,
cual canto de cuna
te lleva a morfeo
en un ensueño con gotas de luna.

Otras veces, se volca enfurecido,
como si exigiese lo suyo,
quiere escuchar tus suplicios,
lentamente te va asfixiando
con sus saladas manos sobre tu cuello,
hasta el límite de tu capacidad.
Te castiga severamente una y otra vez
hasta acabar con tu parte racional,
finalmente navegas en sus aguas
como un juguete sin voluntad.

Nadie lo puede controlar.
Yo no se que me pasó.
Sólo se que un día quise jugar
a que yo era la roca
y tu el mar.

Ojilvee A. Pineda.

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