Cabizbaja
triste y fría,
llegaste a mi habitación,
acompañada del lamento y la melancolía
de las nubes que entonaban su sórrida canción.
Llegas en un mal día,
con la inmensidad del oscuro cielo,
tan pesado como mi pena
y tan lúgubre como mi humor,
realmente no te esperaba,
no hoy.
No me di cuenta de tu llegada,
cuando miré hacia mi alcoba,
desde mi balcón,
un inmenso dolor
sacudió mi corazón.
¡Eras tú!
Llegas como una maldición.
Tú vienes a devolverme a la tierra,
a esta tierra sin vida.
Hoy te presentas anunciándote
con las voces del viento,
no hablas, no dices nada,
siempre estas callada.
Me miras con amarga sonrisa
comparando mi fantasía con la realidad,
Si existe en mi mente,
por qué lo vienes a arruinar.
¿No vez que no me importa el dolor
que mañana ella me dará?
No es al dolor lo que me hace temblar
ni la muerte,
ni la locura siquiera.
¡Eres tú! ¡Eres tú maldita soledad!