La fe de los ciegos
III
 
 



 

 

 
 
 
 

 

Extrañé solo las noches
que tus labios sepultaron
bajo la cera,
lloraban las flamas...

Encadenado al odio
contemplo tus letras,
sabiéndome cerca
el destierro exige
lastimar la memoria,
negando que pueda
sufrir la belleza.

Y ríes embarazada
por el llanto.
Esperaré,
sentenciado al silencio
y blasfemando contra el Dios
que me hizo poeta.

Alfonso R. Arroyo.

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