La fe de los ciegos
V
 
 



 

 

 
 
 
 

 

Como si escribiera la noche
el eco tortura la histeria,
grita el suspiro oculto
en la impaciencia de las flamas.

Ahoga su espíritu
en la tristeza
y aquél que llora por tus ojos
sentencia en el anhelo
esa ilusión que me destroza.

Descansaré protegiendo
el mausoleo y tu silencio
como la ceniza
que duerme sobre el barro,
torturado por el llanto
que dio fuerza a la nostalgia,
y colmó de besos tu alegría.

Ignorando la pena
mí diosa cantaba,
buscando
lágrimas entre espinas.

Alfonso R. Arroyo.

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