Ánimas que sufren doblegadas por la umbría y en ellas el delirio encuentra estéril al ocaso.
Habla el viento inmolado por el tedio, dibuja al cielo en mis reflejos y escapan del encierro volviéndose nublados.
En medio de la nada el fuego proyectó quimeras sobre la tierra y al confundir lo sublime grita el corazón llevándola al paraíso lejano.
Alfonso R. Arroyo.
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