Miré
la espina de fuego
tranquila eleva su calor sin miedo,
lloraba al tiempo...
El centinela de las hadas
respira el silencio
aguarda su fin y el descanso.
Pensaba
en ti,
al sentirle las alas
el eco comenzó a gritar
y al reír y soñar su boca se partió
mordiéndome.
Y
del cuerpo y la sonrisa
que distrajo al olvido vi
el negro más atroz
que imagino su mirada.
Así
recordé que el nombre comenzó sin tiempo
cómo el eco amaneció en mi mente
al comenzar el final.